Los Diabletes de Teguise salen por las calles durante las fiestas del carnaval. Van provistos de máscaras pintadas de rojo rematadas con sendos cuernos de cabra y el llamado “garabato”, que consiste en un zurrón (especie de bolsa hecha con cuero de cabrito) que pende de un palo, con el que asustan y “golpean” a los viandantes. Su vestimenta, así como la confección y forma de la máscara, han ido sufriendo diversas modificaciones con el paso de los años, aunque -en esencia- Los Diabletes se mantienen como una tradición viva, desde hace varios siglos, en la Villa de Teguise.En Canarias, varios son los ejemplos de este tipo de manifestaciones, en las que el denominador común es el “golpear” (sin hacer daño real) o manchar a la gente con buches de pescado o carbón. Los Carneros de Tigaday (en la isla de El Hierro) o los Buches de Arrecife son un ejemplo, de la misma manera que lo son los Diabletes de Teguise. Esta costumbre puede tener un antiguo sentido como rito de fecundidad, si bien hoy se mantiene como una costumbre catártica y festiva. Desde la antigua Roma, los llamados “luperci” salían por las calles golpeando a las mujeres con tiras de macho cabrío para infundirles fecundidad, lo cual nos habla de lo atávico y antiguo de este tipo de tradiciones.
De los diablos y diablas que se encuentran en el mundo occidental, la mayoría tuvieron su máxima expresión durante la celebración de la fiesta cristiana del Corpus Christi, que tuvo una gran importancia tanto en la Península Ibérica, en Sudamérica y en las islas Canarias. Los cortejos rituales de esta fiesta eran bien distintos a los que conocemos hoy, con profusión de danzas, obras de teatro, serpientes, bichas y tarascas… A finales del siglo XVIII, esa manera de entender la fiesta fue prohibida y algunas de sus expresiones se mantuvieron sufriendo una traslación de fecha (hacia el Carnaval, por ejemplo). De esta fiesta se mantienen los ejemplos peninsulares de matachines y botargas, así como los Diablos Danzantes de Venezuela o los Vejigantes de Puerto Rico. En Teguise existen diversas referencias escritas que hacen alusión al uso de este tipo de rituales desde el siglo XVII. Según el historiador Manuel Hernández, en 1658, el Cabildo señala que el mayordomo guardaba para esta festividad y para otras la carátula y vestido del diablete. En 1671 se refleja que se le dieron zapatos “a los de la danza, tamboril y diablito”. Asimismo, también encontramos referencias decimonónicas al diablete de Haría (iba tocado con una enorme cabeza de buey), que desapareció.
Los Diabletes de Teguise salen por las calles durante las fiestas del carnaval. Van provistos de máscaras pintadas de rojo rematadas con sendos cuernos de cabra y el llamado “garabato”, que consiste en un zurrón (especie de bolsa hecha con cuero de cabrito) que pende de un palo, con el que asustan y “golpean” a los viandantes. Su vestimenta, así como la confección y forma de la máscara, han ido sufriendo diversas modificaciones con el paso de los años, aunque -en esencia- Los Diabletes se mantienen como una tradición viva, desde hace varios siglos, en la Villa de Teguise. |